Ya sólo me acuerdo de escribir cuando no encuentro una manera menos molesta de reventar. Menos molesta para los demás, quiero decir. Estallaría en la cara de unas cuantas personas, y bien a gusto. Y estallaría en la mía, a ver si de esa manera era capaz de ver el flaco favor que me estoy haciendo a mí misma. Dejarte ir se me antoja absurdo; ¿pero cómo vas a marcharte? ¿Y yo qué? ¿Y mi aire? ¿Y cómo narices respiro si no me acompaso contigo?... Pero es que verte cada día a mi lado, bebiendo mentiras, tratando de desencajar miedos, de reinventar cuentos, de acolchar siempre la nube en la que me envuelves..., me acaba por dar pena. Lo siento, no me veo capaz de ponerme a tu altura, se me hace cuesta arriba tratar de hacer por ti una milésima parte de lo que haces por mí a ciegas... Que no te quiero dicen; ¿que NO te quiero? Pero ¿quién es capaz de hablar de amor? Ni siquiera yo, en aquellos momentos en lo que no me cabía ni una pizca más de felicidad cuando sonreías, hubiese sido capaz de describir el amor, y mucho menos de juzgar el que sentían los otros. ¿Pero como voy a poder no quererte? No te vayas... o al menos no todavía; no he sido capaz de encontrar la manera de desenvolverme sin ti, de reírme sin ti, de soñar sin ti, de ser sin ti. Confundir amor con adicción es mi desayuno de todos los días; no sé si me besas como el que saborea un pastel de chocolate o como el que cala con ansia el cigarrillo de después de. Que soy agradable a tu paladar es indiscutible y que no hay nada que me sepa como tú también, pero... Siempre hay peros, siempre. Nunca digas nunca, y nada es para siempre. Me he desentendido poco a poco de la nube, lo siento, sigo muriéndome porque me beses todos y cada uno de los días de mi vida, pero empiezo a sospechar que no me compensa esperar siempre a que decidas. Sé que si no soy capaz de hacerlo por ti no seré capaz de hacerlo por nadie; pero cuando llegue ese problema ya lo abordaré, o lo esquivaré, lo ignoraré o lo hundiré.... pero de momento no soy capaz de hacerlo por ti.
sábado, 10 de diciembre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
Agg
Me declaro en rebeldía; me he indignado con la vida. No estoy de acuerdo ni contigo, ni con él, ni con el que me mira desde el asiento del tren tratando de comprender por qué llevo las zapatillas manchadas a círculos. ¿A ti qué te importa? Echo de menos los momentos en los que disfrutaba de suave traqueteo del tren, en los que no me recorría una sensación de asfixia si se quedaba parado cinco minutos entre dos paradas.
He interiorizado el estrés hasta tal punto que lo siento si te ladro pero no me sale melodía de la boca. No me toques, no me hables, no me mires, no me busques... Sólo te voy a querer si me acaricias, me susurras, me observas y me encuentras.
Me atosigan las noticias, los periódicos, la mayoría de los tuits que nacen para dar malas noticias. No es que sea pesimista, es que intentar desentonar con la tónica general acaba haciéndose imposible.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Ay
Lo que más le gustaba de ti era tu capacidad para hacer y decir cosas "de mayores" con un gesto tan ingenuo, con una mirada tan sumamente adorable.
¿He dicho lo que más? Pues te he mentido, cada vez que hablaba con ella era capaz de escoger una cosa diferente. Últimamente volvía a hablar de tus ojos, de lo suave de tus manos, del sabor de tus besos. Noté hace unos meses un ligero cambio en ella... Ya no eran las cosas extraordinarias las que le salían de la boca cuando se sentaba a vomitar maravillas de ti; ahora sus palabras sonaban mucho más dulces, más inocentes, más cuidadosas. Tenía miedo de romperte y empezó a convertir en importante todas esas cosas que había dejado pasar durante años.
Soplaba de tus sonrisas, me obligó a aprenderme las arrugas de tu frente al enfurruñarte, me fotografió las tonalidades de tu mirada y me contó lo dulce de tus palabras justo antes de irme a dormir.
Creo que se estaba enamorando otra vez de ti y yo andaba asustada, con miedo a que un día viniese con el corazón hecho trizas. Tenía miedo hasta que os vi; tu sentado y ella sencilla y feliz sobre tus piernas. Te hablaba sin parar, gesticulando a su manera, metiéndote de lleno en lo que te estaba contando, fuese lo que fuese. Y tú no la mirabas, ni la comías, ni la aburrías, ni la escuchabas... Sencillamente la adorabas.
miércoles, 10 de agosto de 2011
.
Inmortalizar. Qué estúpida manía la de alargar todo; no hablo de infinitos, me suenan demasiado imposibles. Me refiero a los extremos. Nada dura para siempre, pero juguemos a ello. Qué divertido se antoja desafiar al destino, colocarnos ambos en las posturas más opuestas y tentarnos de frente.
La infinidad es complicada, pero acostumbro a ensanchar la memoria. Inmortalizo.
viernes, 1 de julio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
.
Se sientan juntos en el sofá, ataviados con una fuente de macarrones con queso, carne y cebolla; dispuestos a rebañar el vidrio con la barra de pan que han comprado cuatro horas antes. No se miran a penas, pero ambos saben que si mueven un poco sus piernas se rozarán débilmente. Muñecos amarillos acaparan la televisión.
-Oye que te gano.
-Mejor me lo cuentas luego.
Suena sencillo, divertido, ingenioso, picante... Y se le antoja dulce, melancólico.
Los macarrones dejan lugar al hartazgo; la sangre se les acumula en el estómago y les invade una modorra de nubes. Se acomodan en el sofá y poco a poco recuerdan. Se acercan y terminan compartiendo centímetros; no diré como antes, mejor diré como a partir de ahora.
Reinventar siempre ha sido un verbo complicado; pero hay ojos en los que suena mejor.
Se besan, se ríen, se recorren hasta el hastío y se abandonan a la magia que les tiene en pie.
Se divierten compañeros, cómplices, enamorados del instante que comparten; sabiendo que les une un pasado de lobos; conscientes de que el futuro se escribirá lejos de sus intenciones.
Pero se besan, de nuevo. Desafían al tiempo, se creen capaces de detenerlo esta tarde y van a dedicarse plenamente a ello. El mundo les queda lejos; muy lejos.
domingo, 5 de junio de 2011
Eres lo que más he querido en la vida.
Lunes, cinco de diciembre de dos mil cinco.
Creo que sólo me queda darte las gracias. Gracias por haberme echo crecer tanto. Gracias por las sonrisas y gracias por todas las lágrimas. Gracias por las veces que has estado y por las que me he sentido sola incluso estando a tu lado. Gracias por lo enorme que he sido contigo, por lo grande que me he sentido caminando de tu mano. Gracias por hacerme sentir tan única, tan especial, tan importante, tan viva.
Gracias por lo que has dicho y lo que has callado, por saber siempre cuando estar y de que modo hacerlo. Gracias por enseñarme tanto, por llevarme a tantos sitios, por contar siempre conmigo.
Gracias por lo fuerte que me he hecho cuando has desaparecido de repente; gracias por lo gigante que me has hecho el corazón; gracias por enseñarme a querer a alguien casi tanto como a uno mismo, gracias por darme motivos para ser feliz.
Gracias por hacerme persona, por quitarme egoísmo a mares; gracias por pensarme y dejar que te sueñe.
Gracias por el tiempo, por los años, por los cincos. Gracias por tanto...
Me alegro de haberte conocido, de que nuestras vidas se cruzasen. Me alegro de haber contado contigo, de que nuestros besos sean incontables, de que se me amontonen en la memoria las noches que he pasado a tu lado. Me gusta tu recuerdo, me gusta tu presencia, me gusta saber que pase lo que pase nadie va a arrebatarnos estos cinco años y medio.
Eres grande, enorme. Eres la razón por la que he hecho hasta lo imposible; el motivo por el que me he deshecho del miedo muchas veces; el por qué de casi todo...
No puedo decirte qué has significado para mi, porque la inmensidad no se explica con palabras. Te veo al cerrar los ojos, me invade el miedo pensando que puedes estar ahí cuando los abra, y especialmente me quema por dentro la idea de no verte al hacerlo.
Han sido meses de idas y venidas, y es triste llegar a una fecha tan especial y que todo sea tan extraño, tan incierto, tan raro... Pero eso es la vida, eso es nuestra vida; saber que sea como sea siempre te recordaré sonriendo, saber que pase lo que pase no cambiaría por nada nuestro tiempo... Saber que lo que nos hemos querido no se escribe, ni se mide, ni se explica, ni se entiende... Que lo que te he amado se siente; y que lo sientes. Que no me punzan los silencios, me duele lo feliz que me has hecho, la idea de que desistir no se contemplaba hace meses.
Y tal vez es el momento de decirlo: ¡Gracias!
Te quiero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)