No creas que es fácil.
Yo todavía me sorprendo buscando ese instante, ese momento, ese giro.
Yo aun no comprendo cómo pude caer, retroceder de nuevo, caminar hacia atrás como tantas veces.
Pero sobretodo no entiendo porqué terminé ilusionándome, aun rebozada en polvo, después de mi caida.
jueves, 5 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Un largo viaje en tren.
Porque esto va de trenes.
De los que, cansada y asustada, esperas en un banco frío y rojo de una estación perdida.
De los que siempre has deseado coger cuando han pasado sin parada en tu andén y han dejado tras de si una imaginación desbordada tratando de adivinar las vidas que se amontonaban sin rozarse en sus asientos acolchados.
De esos trenes que han parado delante de tus ojos y no te has atrevido a coger porque por la ventana veías cosas que no terminaban de convencerte. Tuviste miedo. De esos que por miedo dejaste pasar.
Va de los trenes que hicieron noche en tu parada y tú, dormida en el banco frío y rojo, perdiste por no dignarte a abrir los ojos, dar tres pasos y apretar el botón verde. Que perdiste por pereza.
Hablo de ese tren que ves llegar des de mucho tiempo antes. Cuando en una noche cerrada y sin luna observas la potente luz de la cabina... Empiezas a hacerte la idea, miras a tu alrededor, aceptas que debes cogerlo, que nada te ata a tu frío y rojo banco, que estás sola... y terminas convenciéndote de que ese es tu tren, de que quieres hacerlo.
Tiemblas mientras se acerca, levantas unos milímetros el culo del frío y rojo banco, no sin antes haberte aferrado al bolso negro -tu único equipaje- muy fuerte, como si él fuese a protegerte de todo lo que nuevo a lo que te dispones a enfrentarte.
Empieza a frenar, lo oyes, lo notas, lo ves, lo sientes. Se detiene delante de ti, con la puerta justo enfrente. Ésta se abre y de ella baja alguien que sin miramientos se sienta en el banco que acabas de dejar atrás.
Tu mente viaja a velocidades vertiginosas; piensas rápido, te saturas, te entiendes y te frustras casi al mismo tiempo. Finalmente terminas pensado que si alguien ha bajado de ese tren para sentarse en tu banco -sí, es tu banco- debe ser porque ni el tren es tan bueno ni el banco es tan frío y agoviamente rojo como creías.
Cansada y asustada te paras. Te das la vuelta y retrocedes. Dedicas una irónica y amenazante mirada a quien te robó TU banco y te vuelves a sentar en él. Ella se levanta y se sienta en el de al lado; no parece importarle lo más mínimo tu banco y tampoco tú.
¿Desilusión? ¿Arrepentimiento?
Reposas el bolso en los cuadrados de hierro del banco y sacas una magdalena chafada de su bolsillo izquierdo. La comes, más que por hambre por ansiedad. Y terminas dormida de nuevo.
Hablo de esos trenes que anuncian su llegada con esa voz tan característica y metálica. De los que anuncian su andén de parada aunque en tu estación únicamente exista uno. Propaganda, propaganda, propaganda. Antes de verlo sabes que será igual que todos, o que incluso llegará con retraso.
Va de esos trenes que llegan llenos y los dejas pasar porque no crees caber; y de aquellos que llegan tan vacíos que te asusta encontrarte sola en sus vagones y dejas partir.
Va de todos aquellos que perdiste, que dejaste ir, que ignoraste, que estuviste apunto de coger y no lo hiciste. Y sobre todo va de aquel banco frío y rojo que te ataba; de tu vida de siempre, del miedo a cambiar, a escoger. Del miedo al chasquido que cambia tu vida, del miedo a equivocarse, a no poder retroceder...
Del miedo a que tras tu tren se rompa la vía que llega a tu estación de siempre. Del miedo a que aquel edificio antiguo y mal pintado se quede sin inquilino; del miedo a que el reloj que acompañaba tus noches se quede sin pila; del miedo a que el banco frío y rojo se rompa por la lluvia, el viento o el tiempo... Del miedo a abandonar todo lo que crees que es tu vida y sobretodo del miedo a no saber volver a ella.
Va de trenes; porque en definitiva, tu banco, tu estación y tu reloj viajan en uno.
martes, 3 de noviembre de 2009
.
Un día cualquiera de una existencia repleta, de unos días monótonos y no por ello vacíos, de un despertar común y singular, de un deseo reflejado en dos retinas fijas.
Despertar con un bostezo ajeno y contagiarse de él casi en sueños; un vaso de leche en la mesa y unas galletas Maria para acompañar la primera comida del día. Una nota, un buenos días.
Una riña por el programa que amenice la comida y un beso tierno en el portal antes de abrir el paraguas para ir a trabajar.
Una llamada en medio de la tarde que cuente lo frías que están sus manos o las ganas que tiene de un chocolate caliente al llegar a casa.
Una discusion graciosa sobre el tono amarillo de las patatas fritas. Que la arrope con la manta mientras se sucede la serie de turno en la televisión y que sonría remolón cuando es ella la que termina despertándole.
Un postre tierno y... a dormir.
lunes, 2 de noviembre de 2009
¿Para qué queremos más?
"Se acercaron las distancias
Dejamos clara la intención
De ser todo lo que somos
dos en uno y uno en dos...
Y es que tiene un corazón que no le cabe, que se muere si le faltas
Que solo entiende lo que dices, si lo dices sin palabras.
Por eso siempre te persigue y sin pedirlo te lo pide hasta se puede oír su voz
Haciendo tiempo en tus sentidos, reinventando los motivos."
domingo, 1 de noviembre de 2009
Soñando
Brujas, duendes, muertos, zombies... Se encontraba rodeada de un sinfín de criaturas nuevas, misteriosas, de cuento de hadas. Corrió para escapar de aquello y en la esquina más cercana le aparecieron miles de seres extraños.Empezó a asfixiarse, le faltaba el aire de aprisa que lo tomaba, y lo soltaba, y lo tomaba, y lo soltaba...
Miró a un lado y a otro y se creyó rodeada.
Empezó a sollozar y pronto lloró desconsolada, ahogada. El pánico la invadió. Se sentó en una esquina y dejó que todo aquello que la asustaba la atrapase.
Pi-pi-pi...
sábado, 31 de octubre de 2009
A VIVIR
Que esto NO termina aquí.
No seré yo la que se cruce de brazos mientras se disipa mi vida.
No seré yo quien se trague las lágrimas cuando te alejas tristón.
No seré yo la que haga de tripas corazón mientras te pierdo.
Un poco más, una tarde más.
No seré yo la que se cruce de brazos mientras se disipa mi vida.
No seré yo quien se trague las lágrimas cuando te alejas tristón.
No seré yo la que haga de tripas corazón mientras te pierdo.
Un poco más, una tarde más.
jueves, 29 de octubre de 2009
CASUALITAT
Dimarts trezte. S’havia despertat com cada dia quan el despertador va marcar les 6 i mitja. Prendre el desdijuni, rentar-se les dents, la cara, fer-se el monyo, malbaratar uns quants minuts davant l’armari obert decidint quina roba es posava… La mateixa rutina de cada matí la va absorvir aquell dimarts. En obrir la porta del carrer un vent fred i juganer la va envoltar de cap a peus; es va estremir i emprengué el camí a l’oficina.
El paraigües en una mà i la cartera en l’altra. Va mirar al seu voltant i va somriure irònicament. Una ciutat de dies nubolats i de tardors plujoses; l’hora punta en la zona céntrica. Dos factors que contribuien a la poca originalitat a l'hora de vestir dels vianants.
La seua ment supersticiosa vagava entre idees infondades i prejudicis estúpids, que des de ben menuda l’havien feta sentir minúscula davant d’un gat negre o d’una escala oberta. Va tragar saliva i s’enganxà al ritme que corria per les arteries del centre econòmic i empresarial de la capital asturiana. Per inercia, per la mateixa inercia que espentava tot quant al seu voltant es movia, arribà a la porta de la oficina. Hagué de desplegar el paraigües en els vint últims metres del trajecte i entrà al seu lloc de treball de forma apresurada; saludà la secretaria i esperà l’asensor. En l’últim moment va descartar la idea, millor no exposar-se a riscos innecesaris avuí. Arribà al quart pis amb la llengua fora i es va sentir estúpida quan s’assegué a la cadira. Va recordar les llargues hores tombada al divà de la psicóloga, i va reflexionar sobre la cantitat d’arguments que ella li va donar per intentar fer-li vore que la coincidencia d’un dia de la semana amb un dia del mes no era res més que això, una coincidencia. En aquell moment es va sentir segura de si mateixa i començà la feina que se li amuntegava a la taula des de feia uns quants dies.
No deuria haver apartat aquella idea de prudència i por de la seua ment…
Aquella vesprada, al acabar la jornada de treball,i ja molt més tranquila, es va dirigir al centre comercial. Es sentía segura, capaç.
La mala sort, l’atzar, la temeritat… La casualitat. Mai sapigué quina d’aquelles idees abstractes en les que tant havia pensat, i de les que volia desfer-se, fou la que llançà a un conductor borratxo i al seu cotxe sobre ella, trencant el primer i únic dia de la que pensà anava a ser la seua nova vida.
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