miércoles, 1 de mayo de 2013

De sucre.

Era por esto, por lo de más allá, por lo que se escondía debajo de la cama, por lo que salía a chorros de la ducha. Eran escusas, todo el rato, a tropel, por cualquier sitio. Era cualquier cosa menos decidirse a decir la verdad. ¡Que claro! Que por supuesto que sí. Enganchada hasta las trancas, hasta el fondo, de principio a fin, de la cabeza a los pies; como quisieras llamarle.
Vivía acostumbrada a que absolutamente todo le saliese a la primera. No sabía perder, a nada. Llevaba años chascando los dedos y dejando que apareciese ante ella todas y cada una de las cosas que había ido deseando. No conocía la palabra miedo, ni había fracasado y pensaba hacerlo en los próximos mil años. Pisaba siempre tan segura... Y así era su vida; tan sencilla, tan rodada, tan balsa... 
Sólo había un aspecto que chirriaba, que sonaba un poco más fuerte, que a veces incluso daba portazos. Era algo que no podía controlar por completo, que a veces se le escurría entre los dedos. La primera vez que sintió miedo. Miedo de perder, miedo de que no saliese bien; miedo de verse en esa situación. Vivía enganchada a un intento que duraba años, que se acercaba vertiginosamente a la década. Ella, que a penas tenía veinte. Era una atracción extraña. Una mezcla de felicidad, dependencia y hastío que bebían cada noche, cada tarde, cada "buenos días". 
Llevaba meses pensando el por qué y sólo acertaba a imaginar que era porque no era fácil, porque requería esfuerzo, porque se podía escapar. Porque sabía lo punzante de su ausencia, porque le rasgaba por dentro imaginar un despertar vacío. Era un reto, el mayor reto que podía plantearse. Enamorarle de lunes a domingo. Devolverle a pedacitos todo lo que había recibido con los brazos abiertos en los últimos años. Sonreírle y revolverle. Que no supiese como seguir. 
Una cosa más que sumar a su lista de éxitos, o al menos una cosa que borrar de su posible lista de fracasos. No contemplaba perder, y probablemente por ello iba perdiendo cada día un poquito. 
Menos mal que no jugaba sola. Que él la conocía incluso mejor que ella misma. Que entendía cada riña, que sacaba zumo de cada discusión, que la dormía sin esfuerzo en sus labios después de una rabieta. Menos mal que siempre tenía tiempo para decirle que "sí". Menos mal que él la enamoraba los siete días de la semana. 
Para que no perdiesen. Porque cuando se juega por parejas se juega mucho más. Porque él tenía tan claro que pensaba tirar en la misma dirección que a penas le importaba marearse tratando de acoplarse a todos sus cambios de rumbo. Vivía en un vaivén constante; en lo que deseaba decirle, nadando en las ganas de que funcionase tan bien como anoche. 
Y ella abandonada a la idea de no fracasar. Aliñándola poco a poco con las ganas de ganar, o con las ganas de vivir. Casi al borde del precipicio de "voy a hacerte feliz". Y él allí, esperando bajo el tobogán, atento para frenar la bajada, para auparla en brazos e invitarla a un kebap. 

domingo, 28 de abril de 2013

Time.

Las calles siempre cortas, y siempre estrechas, y de pasada. Tenía que correr si quería plantarle cara. 
Se ataviaba con botas de montaña, las más feas del mercado. Se colgaba la cámara al cuello y salía a capturar sueños, de los demás. Se empapaba de emociones hasta que se llenaba la tarjeta de memoria; y entonces corría a casa, a preparar chocolate y a organizar el pase de fotos de cada tarde. Lloraba, reía, se ponía furiosa y se desconcertaba, alternativamente, a veces al mismo tiempo. Era capaz de enfatizar con las fotos lo que no conseguía hacer con las personas. Y, como siempre, aquella que le había sacado el escalofrío más grande acababa siendo revelada, a la antigua usanza, pasando a ocupar un sitio privilegiado en su habitación de las emociones.
Moría de miedo cada vez que venía un fontanero, un electricista, el del gas... Cualquier persona que viese aquella habitación saldría corriendo. Pero para ella era una vía de escape, la única salida a un autismo que le acompañaba desde siempre. No era capaz de detectar sentimientos, o al menos, no de hacerlo a velocidad real. Las emociones del día a día ni la rozaban, y continuamente sentía un vacío en su estómago que no conseguía llenar. Necesitaba ralentizar el ritmo, sentir a menor velocidad, retener un poco lo que sucedía, capturarlo y dedicarle tiempo. 
Y cada vez era más difícil encontrar tiempo.

sábado, 13 de abril de 2013

Ser.

Estas, las miles de veces que me despierto en tu almohada, en una almohada ajena, en la mía, en la de la playa. Las mil veces que me retuerzo levemente en entre las sábanas y me calmas con un beso en la nuca, acomodándome en tu regazo y pronunciando la palabra mágica. Y a mi se me disuelven los miedos, las dudas. Me quedaría en tus brazos lo que me quede de noche, de vida. Jugando a tenerte tan cerca que no concilio ni el sueño, a necesitar respirar un aire que no salga de tus pulmones, a desear cada vez que me despierto que la madrugada siguiente sea igual de mágica.
Ser de "y si...?", de muchos ysis que acaban devolviéndonos a una verdad tan antigua como nuestra; tan grande como transparente, tan de verdad como de cuento. Y si lo alargamos hasta el infinito? Hasta ese punto de no retorno, de asfixia. De mezclar recuerdos en un cuenco, de los de hace mil años, de los de ayer; poner la batidora en modo turbo, echarle una pizca de azúcar y repartir la mezcla en dos cuencos. Yo elijo con un poco de miel, si quieres puedo besar tu vaso. Y a beber. Denso como el chocolate de mi casa, dulce como las noches de feria, tan bueno como tú.
Y ahora ya lo tienes en todas las venas de tu cuerpo, invadiéndote cualquier pensamiento, a cada respiración. Yo diría que incluso me duele un poco menos el pie desde que te bebí a tragos. Ahora ya no te vas, ni me voy; ni nada. Da igual cuánto corramos, todo lo que intentemos, las veces que me calle, los gritos que puedas dar. No importa. Me respiras.
Te saboreo cada vez que cierro los ojos, y lo siento, pero me gusta comer cinco veces al día; por tanto, ya no quedas. Y visto lo visto, yo tampoco soy. Es solo en esas miles de veces que compartimos cama cuando siento que vuelvo a tenerme, que vuelves a estar por completo; que ya no tengo que ir a buscarme en tus labios, que tú no vas a abrazarme como si te faltasen partes. Es ahí donde me es más fácil respirar, donde sé que no me sobrará ni una palabra, que no echaré en falta que me mires. Que tus pies se acomodarán tan bien entre los míos que me dará miedo moverme por si te cambia esa cara de paz.

lunes, 28 de enero de 2013

GDT

Que estas ganas de ti deben ser ilegales. De estrujarte hasta que no te quede aire, de comerte para que no quede ni una pizquita de ti que pueda antojársele a nadie. Estas ganas de recorrerte y de desgastarte a lametones. Esta necesidad tan boba de que me mires de frente, de que me beses durante horas, de que me digas de todo y todo muy bajito. Estas ganas de caer rendida y acomodarme en tu regazo y pasar ahí lo que me quede de noche. Estas ganas de dormirme mientras mis sueños van de arriba a abajo, a compás con tu respiración, cómplices de la magia que nos envuelve. Estas ganas de seguir tan cerca de ti que no sé dónde acabo y dónde empiezas; de confundir realidades, de vivir en nuestro mundo, de despertar en cinco. 

miércoles, 16 de enero de 2013

A golpes.


Dedicada a ello, a desentonar en tu discurso, a chirriar en tu sintonía, a no ser nunca lo que alguien espera oír de tu boca. Cada vez más, y más; y más. Y más. Más despacio, más hondo, más acompasado, más de verdad. Hasta que vomitas. Hasta que ya no quiere más, hasta que se le antoja incomestible, hasta que se le hace bola; hasta que viene mamá y lo recoge con una servilleta. 
Porque sí, ese es el juego. Subir hasta que se pincha el globo. Crecer hasta que te estampas de bruces contra el techo. Comer hasta que te empachas. Beber hasta el coma. Dormir hasta que duelen los párpados. Gritar hasta que no queda voz. El hasta. Una palabra con final, con un punto. La única que sabes que no seguirá; la única capaz de desvirtuar cualquier promesa, cualquier verdad. La pareja del pero. Voy a quererte hasta; voy a ir a verte pero, te dije que sí pero, todo iba bien hasta... 

Somos así. Necesitamos pausas, salidas de seguridad. Una manta, un abrazo, una puerta de emergencia. Algo capaz de hacernos frenar cuando se nos está yendo de las manos. Gestos, huídas, palabras..., lo que sea. Lo que sea pero que te mantenga lejos, que no te deje estar a menos de un milímetro de mí, de mi paz, de mí misma. Distancias bien marcadas, límites claros. Yo te alejo y te acerco; y todo al mismo tiempo, no vaya a ser que te vayas más de lo que quiero o que te quedes más de lo que me da tranquilidad. 
Y así va la cosa, de joderla mucho y pedir mucho perdón después. De decir que no y explotar por la cantidad de síes que te inundan por dentro. De mirarnos de reojo y no estar nunca dispuestos a decir lo siento. De buscar la libertad en tu ausencia, de creerme más fuerte por despertar sin ti, de soltar perlas por mi boca, de las que luego me da miedo envenenarme con el regusto a asco que me dejan en la boca. A coger lo feo y cocinarlo a fuego lento, y a servirlo caliente, quemando, y con levadura; para que todo sea mil veces más grande de lo que realmente es; para que me ahogue al respirar la cantidad de reproches que soy capaz de soltar; para que sigas echando de menos mis sonrisas. Y, claro está, para acabar todas las frases con un pero, con un hasta, con un no. 
Y acabar corriendo a tu cuello, a colgarme de tus labios y comérmelos con gelatina de fresa, con croquetas de puchero, con el kebap de los viernes. A llorarle a tu hombro, a mirarte dormir, a que me calientes los pies cuando volvemos de la calle y a despertar en tus brazos para volver a decirte que no. 
Y esto, y lo otro, y lo de más allá. Ya lo decía Sabina: "que amores que no mueren, matan; porque amores que matan, nunca mueren".

viernes, 4 de enero de 2013

To be.

Toda la vida tratando de estar tan cerca que ahora mismo me agobia el no respirar el aire que sueltas; me cuesta dormir si no te quejas de lo fríos que están mis pies y me despierto revuelta de pesadillas si no he tenido un "buenas noches" en condiciones.
Y ahí sigo, buscando las dudas fuera de tu cabeza, amontonando problemas en nuestra puerta, de esos que se cuelan en cuanto decides salir a tomar el aire. Y mientras yo, hecha un ovillo en el sofá, tapada hasta las orejas con miles de mantas de soberbia y de "quieto parao", riéndome de cada vez que vuelves con ganas de comerme a besos. 
Hacer oídos sordos, una de mis cien manías, tal vez la más absurda, la más estúpida, la que más desearé no tener (o no haber tenido) dentro de unos años. Lo sé, no es tan difícil, es más, debería ser lo más fácil; plantarme delante de tu cara y dedicarte una sonrisa inmensa, hacer que volviesen a temblarte las piernas, la boca, la ilusión. Dedicar medio esfuerzo a hacerte feliz, despojarme de mi manta, o meterte en ella para que nos despojemos juntos. Exacto, eso, volver a desnudarnos con la mirada, a no creer más en cuentos chinos, a construir novelitas de esas de color pastel, de las mías. A plantarte besos de la cabeza a los pies, a tomarte la mano mientras cocinas, a abordarte por detrás y morderte la oreja para que te quejes en mis manos un rato largo, muy largo. 
Reconstruir para derretirme en tus ojos, para deshacerme en tu boca, para no acordarme ni de qué día es cuando pones mi canción favorita en el coche. Reinventar para que el prefijo re deje de tener sentido, para que se me olviden todos los días en los que he ido a buscarte en mil cosas que no tenían tu nombre. Seguir con nuestro pasatiempo favorito, volver a las primeras veces, crecer en cada una de tus caídas y vencer en cada una de las mías; no tenerte lejos nunca más. 
Ser; ser para dejar de escucharte decir que me quieres más cerca; ser para no tener nunca más la sensación de no estar a la altura; ser para luchar, para creer, para cambiar; ser para nosotros. Ser para que se te revuelva el estómago de paz cada vez que me recuerdes, para que algún día puedas decir que te he hecho un cuarto de feliz de lo que dice mi sonrisa cuando alguien me pregunta por ti. Ser para consolarte en tu primera arruga, para hacernos muy mayores, para que se me agoten las ideas, las fotos, los álbumes donde meterlas y las estanterías donde guardarlas. Ser para callar bocas, para sorprendernos nosotros más que nadie de los diciembres que sonríen cuando llegamos; ser para acordarnos siempre de nuestros trece, de lo increíble de verte cambiar, de lo orgullosa que estoy de lo grande que eres, de lo orgullosa que estoy de ti. Ser para que puedas ser a mi lado. Ser para que seamos. Ser. 
Deshacer el montón de la duda que he barrido durante meses, lanzarlo lejos, allá donde no sepa volver. Cogerte muy fuerte de la mano, dejar que me acerques a tu regazo y dormirme allí el resto de noches de mi vida. Y sí, reírnos a carcajadas burlonas de todas aquellas personas que creen que no sé lo que digo con lo de "el resto de noches de mi vida".

lunes, 27 de agosto de 2012

Ya toca.

Bonita manera de ordenar ideas, de recolocar sentimientos, de secuenciar mis miedos. Fluye tan rápido, tan "sin tropezar", que me asusta, me atrapa y me abruma. Debería servirme la almohada para esto mismo que uso el teclado, pero si nuestras cabezas se hacen compañía me acaba ocurriendo lo contrario. Me empapo de tus dudas, en sueños, y acabo por levantarme envuelta en sudor y miedo. Pidiendo cada vez que me veo cruzar los dedos que vuelvas a despertar la semana que viene en mi cama. Y así, de silencio a silencio, cansada de escucharte maldecir en voz baja todos los errores que he cometido, atenta siempre a las indirectas que piden de reojo que no me escape de tu lado, tragándome cada uno de tus besos hasta que, de puro hastío, acaban durmiendo tus labios en mi boca. 

¿Qué haría yo sin tus despedidas? ¿Y si no pudiese escribir? Esperas que sea capaz de decir "vale, lo intento; y yo salgo de la ducha cada día esperando no tropezar con las piernas hechas un lío dentro del albornoz. Si pudiese parecerme un poquito más a tu paz...

martes, 10 de abril de 2012

Prometimos volver a vernos...

Las nueve de la mañana. La habitación destilaba aburrimiento. Demasiado temprano, y sin embargo tenía la sensación de llevar muchas horas tumbada, agobiada de recuerdos, asqueada de tanto dudar. El problema era de azúcar, capaz de diluirse en un vaso de leche o de alegrar un bol de fresas, pero se le estaba atragantando como si de tragar merluza se tratase. Las opciones se le amontonaban en la mesita, apabullando el móvil, haciendo subir incansablemente el número de mensajes de esos dos contactos. Los ojos se le cerraban, y aún no había aprendido a dormir con ese remordimiento. Las noches se tornaban de plomo y hacía días que no encontraba solución.
Llamémoslo rutina, o tal vez amor, o ambas cosas... Fuese lo que fuese le ataba irremediablemente a la almohada, al olor a "no te vayas nunca", al sonido de su boca mordiendo el escaso espacio que les separaba. Y a lo otro lo llamamos novedad, atracción... ¿Ilusión? Cuánto le costaba pensar esas palabras, valorar esos sentimientos, contemplarlos como opción... Y se quedaba así, sentada mil horas, sacando un humo cada vez más negro, cada vez más áspero, cada vez más... Cada vez más. 
Sus ojos se volvían de ajoaceite, capaces de repetirse en su cabeza hasta que conseguía conciliar el sueño. Y ya no le cantaban, no le llevaban a aquellas playas tan lejanas a tumbarla en la arena y masajearle el cuello hasta que caía rendida, ya no le besaban... Sus ojos lloraban de rabia, de miedo, de angustia, de celos.
Y qué fea podía llegar a ser la habitación de la culpa y de la duda... Qué claustrofóbica, qué horrible, qué merecida...

jueves, 1 de marzo de 2012

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No supe qué era respirar hasta que fui capaz de enfrentar tus silencios con una sonrisa, hasta que aprendí a disfrutar sola de la ducha, hasta que empecé a cambiar de emisora cuando se ponía modosita la radio.

martes, 14 de febrero de 2012

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No te creas, a mi también me molestan tus días de regla. Sí, los he ido descubriendo con los años. Vaya que sí, una regla extraña; no mancha, no provoca decenas de granitos por tu cara, no se te hincha la barriga días antes ni tampoco te duele el pecho cada vez que se nos van de las manos nuestros ratos de dos. No es una regla común, sería tan imposible biológicamente como difícil sería dormir en la Luna esta noche; pero de todos modos me molesta, me irrita, me provoca asco por momentos y sobretodo me confunde enormemente.
Esos días de no quiero saber nada de ti, de va a dolerme si me hablas, de vete lejos que me mareas. Esos días salteados, hoy tú, mañana yo; esos días que liman, que raspan, que ahogan. Cómo me molesta tu regla... Cómo.

sábado, 21 de enero de 2012

san seacabó.

Acostumbraba a dedicar gran parte del día a averiguar cómo había llegado hasta ahí... Las cosas más absurdas le absorbían el tiempo; creía ser metódica, aburrida hasta la saciedad, ordenada, no con las cosas, sino con su vida... Vivía en un mundo de cuadrícula hasta el día en el que trató de seguir andando y se borró la línea... Mientras caía se instaló la cámara lenta en su cabeza; las veces en las que no había cedido ni un poco, todos y cada uno de los días en los que se había cenado lo que ella había querido, las mil ocasiones en las que ni siquiera le había ablandado el corazón su mirada de algodón. ¿Qué había he
cho? Sentarse a recoger abrazos, ponerse de morros hasta que él consiguiese abrirle los labios a besos, disparar barbaridades hasta verle llorar. Y así, otoño tras otoño.
Ahora, ya sin suelo, las lágrimas comenzaron a hacer mella en sus mejillas. Sus palabras retumbaban a cada segundo consiguiendo que la rabia le quemase los párpados; que ya no puedo más, cariño; que has sido el mismo centro de todo; que me has devuelto aire... Rodeada de verdades se deshacía en el abismo, anhelando el final de la caída, ridícula.
Error.
Entre sus ojos se diluyeron las últimas imágenes de ambos; alzó la mirada y lo encontró observándola desde el borde. Cuánto miedo en aquella expresión, cuánta angustia, cuántos recuerdos... Cuánto... Esa era su suerte, pensó. Que pese a todo la había querido como a nadie. Supo entonces que si se hubiese estado quieta un segundo más no estaría cayendo; que él había venido corriendo, a rescatarla, a olvidar el miedo, a olvidar los golpes. Y es que daba igual todo, él la quería y él había hecho tarde. Y así, hasta el último segundo de su vida estuvo echando balones fuera, culpando a los demás de sus traspiés, convenciéndole a él que ella era una santa.

martes, 3 de enero de 2012

Buenos días.

Amanecer a golpes, golpes de luz... Acurrucarse en el hueco de tu hombro, a contarle sueños a tu oreja, a ver si despiertas tú también, a ver si te quedas. Desenvolver muy lento, para no dejar que se cuele nada de frío bajo las sábanas; ni el frío que hiela ni tampoco el que haría que se congelase la magia que me atrapa cuando abres los ojos de buena mañana. Y así, en este absurdo, me pasaría horas; mirándote dormir, tratando de evitar que la luz moleste tus sueños, inventando lo que podemos estar haciendo ahora mismo en tu cabeza... Rodeada de tus brazos, dejando que absorbas todas mis dudas simplemente con respirarme cerca.

viernes, 30 de diciembre de 2011

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Trato de explicarte la congestión que se provoca en mi garganta cuando cantan tus miedos, cuando cada terminación de tu cuerpo me hace partícipe de lo que se cuece en tu sonrisa. Me derrito cual frigopié en pleno agosto, diluyendo las verdades en una calle repleta de piernas con prisa. Espero ansiosa a que me recojas con la lengua, gota a gota, antes de tocar suelo. No me gusta monopolizar tu actividad, pero es que si te descuidas un poquito voy a dejar de ser enteramente yo. No pretendo acapararte, pero llegados al punto en el que estamos me ahogo si tus cinco sentidos no piensan en mí. No, no te preocupes, yo tampoco pretendo irme muy lejos. Digamos que mi plan para mis próximas diez vidas es seguir respirando en tu cama.

lunes, 12 de diciembre de 2011

bibir, con b de burro.


Reinventarse. Reinventarse a solas, claro. No me gusta así; ni a mí así; de acuerdo, apuesta. ¿Póquer de ases? Bien jugado, pero te gano; repóquer. No acepto tus condiciones, ni tu ausencia, ni tampoco cada vez que estás. Reinventar dicen; dicen. Silencios de algodón que acaban impregnados de una calma que quema, que sabe amarga, que se antoja gris. Somos de opuestos, pero el filo se estrecha con el tiempo cada vez que lo afilas y lo siento pero ya no cabemos, lo siento; o caes o caigo... Pero como siempre acabaremos dando un giro al final de la historia; justo antes del último paso decidiremos que nos cuesta mucho separarnos. Entonces esconderemos las cartas, nos reinventaremos, otra vez, y me asfixiaré contra tu pecho; despacio y suave, pero me faltará el aire; y tú tropezarás y te saltará un pie al vacío y olvídate de mantener el equilibrio, tus manos estarán rodeando demasiado fuerte cada trozo de mi cuerpo... Y así, resignados y juntos caeremos; conscientes de que ya no quedará nada a partir de entonces, pero vencidos por una dependencia que me asoma del subconsciente cada vez que no entiendo porque me pincha el pie cada vez que te pienso.

sábado, 10 de diciembre de 2011

...

Ya sólo me acuerdo de escribir cuando no encuentro una manera menos molesta de reventar. Menos molesta para los demás, quiero decir. Estallaría en la cara de unas cuantas personas, y bien a gusto. Y estallaría en la mía, a ver si de esa manera era capaz de ver el flaco favor que me estoy haciendo a mí misma. Dejarte ir se me antoja absurdo; ¿pero cómo vas a marcharte? ¿Y yo qué? ¿Y mi aire? ¿Y cómo narices respiro si no me acompaso contigo?... Pero es que verte cada día a mi lado, bebiendo mentiras, tratando de desencajar miedos, de reinventar cuentos, de acolchar siempre la nube en la que me envuelves..., me acaba por dar pena. Lo siento, no me veo capaz de ponerme a tu altura, se me hace cuesta arriba tratar de hacer por ti una milésima parte de lo que haces por mí a ciegas... Que no te quiero dicen; ¿que NO te quiero? Pero ¿quién es capaz de hablar de amor? Ni siquiera yo, en aquellos momentos en lo que no me cabía ni una pizca más de felicidad cuando sonreías, hubiese sido capaz de describir el amor, y mucho menos de juzgar el que sentían los otros. ¿Pero como voy a poder no quererte? No te vayas... o al menos no todavía; no he sido capaz de encontrar la manera de desenvolverme sin ti, de reírme sin ti, de soñar sin ti, de ser sin ti. Confundir amor con adicción es mi desayuno de todos los días; no sé si me besas como el que saborea un pastel de chocolate o como el que cala con ansia el cigarrillo de después de. Que soy agradable a tu paladar es indiscutible y que no hay nada que me sepa como tú también, pero... Siempre hay peros, siempre. Nunca digas nunca, y nada es para siempre. Me he desentendido poco a poco de la nube, lo siento, sigo muriéndome porque me beses todos y cada uno de los días de mi vida, pero empiezo a sospechar que no me compensa esperar siempre a que decidas. Sé que si no soy capaz de hacerlo por ti no seré capaz de hacerlo por nadie; pero cuando llegue ese problema ya lo abordaré, o lo esquivaré, lo ignoraré o lo hundiré.... pero de momento no soy capaz de hacerlo por ti.

jueves, 13 de octubre de 2011

Agg

Me declaro en rebeldía; me he indignado con la vida. No estoy de acuerdo ni contigo, ni con él, ni con el que me mira desde el asiento del tren tratando de comprender por qué llevo las zapatillas manchadas a círculos. ¿A ti qué te importa? Echo de menos los momentos en los que disfrutaba de suave traqueteo del tren, en los que no me recorría una sensación de asfixia si se quedaba parado cinco minutos entre dos paradas.
He interiorizado el estrés hasta tal punto que lo siento si te ladro pero no me sale melodía de la boca. No me toques, no me hables, no me mires, no me busques... Sólo te voy a querer si me acaricias, me susurras, me observas y me encuentras.
Me atosigan las noticias, los periódicos, la mayoría de los tuits que nacen para dar malas noticias. No es que sea pesimista, es que intentar desentonar con la tónica general acaba haciéndose imposible.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Ay

Lo que más le gustaba de ti era tu capacidad para hacer y decir cosas "de mayores" con un gesto tan ingenuo, con una mirada tan sumamente adorable.
¿He dicho lo que más? Pues te he mentido, cada vez que hablaba con ella era capaz de escoger una cosa diferente. Últimamente volvía a hablar de tus ojos, de lo suave de tus manos, del sabor de tus besos. Noté hace unos meses un ligero cambio en ella... Ya no eran las cosas extraordinarias las que le salían de la boca cuando se sentaba a vomitar maravillas de ti; ahora sus palabras sonaban mucho más dulces, más inocentes, más cuidadosas. Tenía miedo de romperte y empezó a convertir en importante todas esas cosas que había dejado pasar durante años.
Soplaba de tus sonrisas, me obligó a aprenderme las arrugas de tu frente al enfurruñarte, me fotografió las tonalidades de tu mirada y me contó lo dulce de tus palabras justo antes de irme a dormir.
Creo que se estaba enamorando otra vez de ti y yo andaba asustada, con miedo a que un día viniese con el corazón hecho trizas. Tenía miedo hasta que os vi; tu sentado y ella sencilla y feliz sobre tus piernas. Te hablaba sin parar, gesticulando a su manera, metiéndote de lleno en lo que te estaba contando, fuese lo que fuese. Y tú no la mirabas, ni la comías, ni la aburrías, ni la escuchabas... Sencillamente la adorabas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

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Inmortalizar. Qué estúpida manía la de alargar todo; no hablo de infinitos, me suenan demasiado imposibles. Me refiero a los extremos. Nada dura para siempre, pero juguemos a ello. Qué divertido se antoja desafiar al destino, colocarnos ambos en las posturas más opuestas y tentarnos de frente.
La infinidad es complicada, pero acostumbro a ensanchar la memoria. Inmortalizo.

viernes, 1 de julio de 2011

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Si jugamos hasta las últimas consecuencias te advierto que a la larga yo nunca pierdo.

viernes, 10 de junio de 2011

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Se sientan juntos en el sofá, ataviados con una fuente de macarrones con queso, carne y cebolla; dispuestos a rebañar el vidrio con la barra de pan que han comprado cuatro horas antes. No se miran a penas, pero ambos saben que si mueven un poco sus piernas se rozarán débilmente. Muñecos amarillos acaparan la televisión.
-Oye que te gano.
-Mejor me lo cuentas luego.
Suena sencillo, divertido, ingenioso, picante... Y se le antoja dulce, melancólico.

Los macarrones dejan lugar al hartazgo; la sangre se les acumula en el estómago y les invade una modorra de nubes. Se acomodan en el sofá y poco a poco recuerdan. Se acercan y terminan compartiendo centímetros; no diré como antes, mejor diré como a partir de ahora.
Reinventar siempre ha sido un verbo complicado; pero hay ojos en los que suena mejor.
Se besan, se ríen, se recorren hasta el hastío y se abandonan a la magia que les tiene en pie.
Se divierten compañeros, cómplices, enamorados del instante que comparten; sabiendo que les une un pasado de lobos; conscientes de que el futuro se escribirá lejos de sus intenciones.
Pero se besan, de nuevo. Desafían al tiempo, se creen capaces de detenerlo esta tarde y van a dedicarse plenamente a ello. El mundo les queda lejos; muy lejos.